Una economía nacional moderna solo es viable si se basa en dos columnas estructurales: las pequeñas y medianas empresas (PYMES) y las corporaciones transnacionales nacionales (CTN).
Esta verdad debería constituir el punto de partida de toda teoría económica en América Latina. Sin embargo, tanto en la teoría como en la política practica el tema es tabú porque contradice los intereses neocoloniales de Washington y de la Unión Europea. La función de las PYMES en una economía moderna es triple: en primer lugar, es la organización económica mas significativa para el empleo de la población económicamente activa: en América Latina, alrededor del 75 por ciento del empleo proviene de ellas; en segundo lugar, las PYMES son importantes fuentes de innovaciones tecnológicas que con frecuencia son adaptadas y mercantilizadas por las empresas transnacionales; en tercer lugar, las PYMES cubren la demanda de consumidores, cuyas necesidades no requieren una producción a gran escala y/o exigen una alta flexibilidad de adaptación al cambiante entorno de mercado. La idea de que las pequeñas y medianas empresas sean ineficientes, en comparación con las corporaciones transnacionales y que, por lo tanto, requieren de subsidios del Estado es, frecuentemente equivocada.El capitalismo de mercado es un cuento de niños de los economistas para ocultar las deplorables verdades del capitalismo realmente existente; la realidad determinante de la sociedad global es el capitalismo proteccionista de Estado. Este existe tanto para las PYMES como para las CTN, pero, sin duda, favorece mas a las grandes corporaciones, porque estas tienen el poder para incidir sustancialmente sobre las decisiones del Estado y manipular a la opinión publica. Una ilustración de esta situación es la agricultura estadounidense. Anualmente, los subsidios para la agroindustria de este país alcanzan alrededor de 20 mil millones de dólares. La mayor cantidad de dinero fluye, proporcionalmente, hacia las grandes empresas, pero aun las pequeñas y medianas reciben hasta 60 mil dólares al año, es decir, ¡5000 dólares al mes! Esos pequeños empresarios agricultores son, prácticamente, rentistas del Estado con un ingreso mensual múltiples veces superior a lo que gana la mayoría de los trabajadores latinoamericanos con un año de actividad productiva. A nivel mundial, las agroexportaciones estadounidenses equivalen a un gigantesco negocio ilegal de dumping que destruye a la agroexportación latinoamericana y a una clase social de pequeños campesinos de Nuestra América que abarca alrededor de 180 millones de seres humanos.
La función de las empresas transnacionales en la aldea global es igualmente evidente. Ellas son los vehículos que permiten llegar al plusproducto mundial, expropiarlo en sus lugares de origen y transferirlo hacia los centros del poder y los bolsillos de la plutocracia mundial. En cierto sentido son los galeones del siglo XVI que transportaban el oro y la plata desde el El Dorado hacia las arcas coloniales europeas. Quien no disponía de galeones y hoy no dispone de empresas transnacionales, esta separado del surplus mundial y, por lo tanto, tiene que vivir en la miseria. El modo de succionar la riqueza mundial hacia los países dominantes mediante las CTN, es a través de las tecnologías de punta. Las CTN son las divisiones blindadas de la guerra económica que conquistan y ocupan el terreno enemigo (plusproducto), mientras sus tecnologías de punta actúan como mísiles cruceros y bombas inteligentes que a mediano plazo destruyen toda resistencia autóctona. Este monopolio de poder y explotación se nutre mediante la ciencia de excelencia, de tal manera que empresas transnacionales, tecnología de punta y excelencia científica, son inseparables. La nación que no tenga CTN, tampoco necesita tecnología ni ciencia avanzada, porque esta condenada al subdesarrollo. A diferencia de Centroamérica o África, América Latina dispone de todos los elementos necesarios para desarrollar sus propias CTN a corto plazo dentro de un bloque regional de capitalismo proteccionista (Mercosur ampliado) y, de esta manera, revertir la descapitalización y el retroceso de las ultimas décadas.
El complejo biotecnológico-farmacéutico-medico de Cuba es comparable, en su capacidad investigativa, productiva y económica, a una de las grandes transnacionales de Occidente. Si se uniera en una o dos grandes holdings con la respectiva industria brasileña, podría competir exitosamente por una parte considerable del surplus mundial. La empresa aeronáutica brasileña Embraer, a su vez, tiene todo el potencial para compartir en forma igual con Airbus y Boeing el mercado mundial de la aviación y, más temprano que tarde, de la industria espacial, aprovechándose al Ecuador como el lugar geográfico de mayor ventaja comparativa para el lanzamiento de cohetes al espacio. Varias líneas aéreas latinoamericanas podrían fusionarse y garantizar no solo un mercado natural para la industria aeroespacial criolla, sino que competiría en condiciones iguales con los europeos y estadounidenses. Las gigantescas exportaciones de materia prima ---petróleo, fierro, bauxito, granos, madera, etc.--- garantizarían, por otra parte, una o varias grandes industrias navales en el subcontinente. En el sector energético se ofrece una transnacional latinoamericana, creada a través de la unión entre PdVSA de Venezuela, Petrobras de Brasil y de la reestatizada YPF de Argentina. La física nuclear argentina y brasileña mantiene todavía, pese a los destructivos sabotajes de los gobiernos neoliberales, un alto nivel de competencia y podría ser el germen de una transnacional capaz de competir con la Westinghouse y Siemens en energía nuclear. Y así, ad infinitum. Las pequeñas y medianas empresas (PYMES) y las corporaciones transnacionales nacionales (CTN) son los vehículos del progreso económico en la América Latina contemporánea, dentro de un bloque regional de capitalismo proteccionista de Estado. Sin la conjunción de esos tres elementos no será posible parar el proceso de africanización de la Patria Grande.
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